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Santuario de la Virgen del Río
Tarazona Monumental

Santuario de la Virgen del Río

La gran avenida de agua de mayo de 1658, unida a una posterior acaecida el 16 de agosto de 1660, destrozó por completo el puente del río Queiles a su paso por el término del Prado y dañó el resto. Tras ello, el concejo determinó que, aparte de arreglar los estragos, se creara un paseo nuevo desde el puente del Hospital o de la Seo hasta el lavadero de San Juan para defender las casas de las crecidas del río, a la vez que para embellecer la ciudad.

Por fin, en otoño de 1667 comenzaron los trabajos para llevar a cabo la prolongación del nuevo paseo. Al parecer y según narran las crónicas, el 7 de noviembre de ese mismo año, uno de los obreros de la cuadrilla municipal encargada de desescombrar la orilla izquierda del río, justo enfrente del Palacio Episcopal, con la intención de ahondar lo suficiente para levantar los cimientos del muro, se encontró con una piedra muy especial. Se trataba de una cabeza femenina coronada, perfectamente labrada en piedra que en seguida fue identificada con la Virgen María y que podríamos datar en la segunda mitad del siglo XV.

Sin mucha dilación, la cabecita fue adecentada, colocada sobre una escultura de madera tallada al efecto, y policromada junto al resto de la imagen.

A los pocos meses del hallazgo, en abril de 1668, el consejo turiasonense decidió que era necesario construir una ermita para albergar a la ya bautizada Virgen del Río.

Ante la imposibilidad de situar el templo en el lugar exacto en el que se produjo el hallazgo, se consideró apropiado construirlo justo en frente, en la margen derecha del río, en un solar de propiedad municipal sito en el Prado de la ciudad. El Prado era un terreno amplio utilizado ya desde fines del siglo XV como punto de encuentro y de esparcimiento de los turiasonenses.

El santuario fue levantado gracias a las limosnas de los devotos y bajo unas estrictas condiciones litúrgicas dictadas por el obispo Miguel Escartín (1664-1673). Por fin, el 28 de agosto de 1672 se decidió hacer efectivo el traslado de la imagen de su ubicación provisional a la definitiva: su propia ermita ya concluida.

Se trata de un templo de proporciones modestas levantado según el vocabulario arquitectónico clasicista. Presenta una planta de cruz latina con nave de dos tramos, coro alto a los pies, capillas alineadas, presbiterio de testero recto y sacristía acomodada al lado del Evangelio. La cabecera, los brazos del transepto y la nave se cubren con bóveda de cañón con lunetos, mientras que el tramo central del crucero y las capillas lo hacen con medias naranjas.

En septiembre de 1675, los munícipes turiasonenses capitulan con el escultor bilbilitano Bernardo Ibáñez y su hijo Juan Ibáñez la confección del nuevo retablo. Sin embargo, Bernardo y Juan fallecieron a finales de 1678 sin poder concluir por completo el retablo de la Virgen del Río y, por tanto, sin montarlo en su emplazamiento definitivo. Ante este desgraciado contratiempo, el sacerdote Pedro Ibáñez, hijo y hermano de los escultores difuntos, se trasladó a Tarazona para hacerse cargo del retablo. Finalmente, el 7 de enero de 1680, con un año de retraso, la máquina quedó instalada en blanco, esto es, sin dorar y policromar, en la ermita. No obstante, antes de concluir con los trámites, tuvo que ser inspeccionada por el escultor tudelano Francisco San Juan y Velasco.

Este retablo es una máquina del pleno barroco, también conocido como primer retablo barroco, tanto estructural como decorativamente, cuya eclosión y triunfo se alcanza a mediados del siglo XVII. En el banco distinguimos a San Lamberto, San Juan Bautista, San José con el Niño, y San Isidro, y cuatro relieves con escenas de la vida de la Virgen –Nacimiento, Asunción, Anunciación y Presentación en el templo–, mientras la puerta del sagrario está ocupada por Cristo resucitado.

Las cuatro columnas salomónicas que organizan el cuerpo flanquean la hornacina central en la que se dispone la imagen de la Virgen del Río, considerada patrona de la ciudad, y cuatro esculturas de cuerpo entero que representan a los santos más importantes de la diócesis turiasonense: San Prudencio y San Gaudioso, obispos de Tarazona durante el periodo visigodo, son los protectores de la diócesis desde época medieval; San Millán, fue arcipreste de la catedral turiasonense y, al parecer, sus restos se custodiaban en la iglesia parroquial de Torrelapaja (Zaragoza), localidad del arcedianado de Calatayud; y San Raimundo Serra es considerado fundador del monasterio cisterciense de Fitero (Navarra) hacia 1152, ubicado entonces dentro de los límites de nuestra diócesis, y de la Orden militar de Calatrava en 1158; además había sido canónigo de la seo turiasonense en 1148. Mientras, San Atilano, natural de nuestra ciudad, obispo de Zamora y patrón de Tarazona desde al menos 1618, preside el ático. Este retablo fue restaurado por la Fundación Tarazona Monumental en el año 2010.

La iglesia custodia otras obras de interés, como son el púlpito, de la segunda mitad del siglo XVII; el zócalo de azulejos del presbiterio, con la heráldica de la ciudad, y su pavimento, fechados en 1721; o los retablos colaterales barrocos dedicados a Santo Tomás de Villanueva, el del lado del Evangelio, y a San Antonio de Padua, el de la Epístola.

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