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Iglesia de Ntra. Sra. de la Merced. Ex convento de frailes mercedarios
Tarazona Monumental

Iglesia de Ntra. Sra. de la Merced. Ex convento de frailes mercedarios

Los frailes mercedarios llegaron a Tarazona en el año 1300. De acuerdo con su particular carisma de pobreza, se dedicaron a recaudar limosnas con las que sufragar la liberación de prisioneros cristianos en tierras musulmanas. Como su única preocupación era la labor redentora, recorrieron diferentes enclaves urbanos hasta que en el siglo XV el Obispado les cedió parte del solar de la vieja parroquia de Santa Cruz del Rebate, desaparecida en el último tercio del siglo XIV, durante la Guerra de los Dos Pedros, junto a la plaza del Mercado, centro neurálgico de la vida económica turiasonense.

A partir de distintas fuentes documentales sabemos que su oratorio primitivo era una fábrica de dos naves separadas por arcos, con una capilla al final de cada una. Se hallaba orientado hacia el este y ocupaba aproximadamente el solar de la sacristía actual. La capilla mayor estaba dedicada a Nuestra Señora de la Merced, imagen que servía de titular a un desaparecido retablo llevado a cabo por el pintor Jerónimo Vallejo Casida en 1545. A pesar de las estrecheces que debía presentar el templo medieval, los turiasonenses no dejaban de establecer lazos religiosos con los frailes. De hecho, al menos desde el siglo XVI varias cofradías buscaron sede allí creando sus propios altares: la de Nuestra Señora de los Dolores, congregación eminentemente religiosa; la de San Crispín y San Crispiniano, del gremio de zapateros; la de San Eloy, de los plateros; la de los Santos Cosme y Damián, de médicos, cirujanos y boticarios; la de la Virgen de las Nieves, de tejedores de lienzos; y la de la Santísima Cruz, de los mancebos pelaires.

A finales del siglo XVI, los mercedarios comenzaron a encontrarse incómodos con su pequeño edificio e iglesia conventuales, por lo que pidieron ayuda al concejo para renovarlos. Una vez que la autoridad municipal dio su aprobación empezaron a adquirir las casas que lindaban con sus propiedades para iniciar, con el respaldo económico de familias tan influyentes como la de los Conchillos, la edificación de un nuevo templo. En 1629 firmaron el contrato para su construcción con el maestro de obras vecino de Vera de Moncayo, Jerónimo Baquero y diez años más tarde ya se había concluido. La fábrica que hoy podemos contemplar reúne las características de los templos conventuales prototípicos de la arquitectura clasicista desarrollada en nuestro país entre 1575 y 1650. Se trata de un espacio de planta de cruz latina con capillas entre los contrafuertes, cubierto con bóveda de cañón con lunetos, cabecera plana y coro alto a los pies. La cúpula sobre tambor que cubre el tramo central del crucero, levantada en el siglo XVIII, substituye a la media naranja ciega original. Por su parte, la fachada está inspirada en los modelos arquitectónicos del italiano Andrea Palladio. Está presidida por una portada cuya decoración pertenece igualmente al más puro vocabulario clasicista. En ella destaca la imagen de Nuestra Señora de la Merced representada como la Virgen de la Misericordia que abre su manto para proteger a la cristiandad.

En el interior del templo la pieza de mayor calidad es el retablo mayor. Fue erigido entre 1734 y 1737 por el hermano lego de la Orden y escultor fray Pedro Puey Esponera. Esta magnífica obra sigue muy de cerca las particularidades artísticas del arquitecto y escultor José Benito de Churriguera y refleja un programa iconográfico totalmente mercedario en el que figuran sus principales religiosos como el fundador, San Pedro Nolasco, que preside el ático. En el crucero, dos pequeños retablos, también churriguerescos, sirven de marco a sendos óleos sobre lienzo que representan las visiones celestiales de San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato, uno de los santos más importantes de la Merced.

Hasta 1717 los frailes no pudieron abordar la construcción de las dependencias conventuales. Configuran un edificio de planta irregular condicionado por el solar en el que se ubica. Consta de cuatro plantas cuyas fachadas alternan ventanas con balcones adintelados. Su portada principal se alinea con la de la iglesia y está compuesta por un arco de medio punto rematado por una hornacina que cobija la imagen de San Pedro Nolasco, todo decorado con motivos tópicos del Barroco. Tras la desamortización del ministro Mendizábal de 1835, este inmueble pasó a ser propiedad municipal y albergó muy diversos usos escuelas, mercado, viviendas…, hasta que en 1988, después de una acertada rehabilitación, se convirtió en la sede del Conservatorio de Música de la ciudad dedicado a Raquel Meller, actriz y tonadillera nacida en Tarazona en 1888. El templo sirve como auxiliar de la parroquia de San Andrés de la catedral.

Información turística:
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